Relato minucioso y apuntes históricos sobre la muerte y sepultura del Excmº. Sr. Don José Antonio Primo de Rivera y Saenz de Heredia, Grande de España. Artículos Periodísticos en página 3 del diario F.E., de la Falnge Española Tradicionalista de las J.O.N.S, de 19 de Nov. de 1939, III Año Triunfal, (Año IV, nº. 1163). TRANSCRIPCION del Padre R. de Perea. En curso.


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 [ Libros recientes que, con módico precio, véndense en las librerías, también en “El Corte Inglés”. Del primero hizo el elocuente Sr. D. Iker Jiménez una entrevista al escritor, en el programa “Cuarto Milenio” de la cadena televisiva española “Cuatro”. En ella el Sr. Zabala afirmaba que, con nuevos documentos inéditos a su alcance, José Antonio fue fusilado, pero de modo que una primera descarga lo alcanzó en las piernas, de manera que fuese así forzado a arrodillarse antes de que los tiros sucesivos, letales, atravesasen su pecho. Como el libro no cita el artículo del Sr. Escalera, reporto el texto del diario, y lo transcribo porque el papel del periódico, ya muy viejo, es de mala calidad, como la impresión, de tal guisa que resulta dificultoso leer el original que no obstante aporto en la página que interesa, por medio de escáneres en “Archivo Adjunto”. Don José Mª. usa, en su libro, documentos inéditos, cuyo conocimiento es muy útil. Lo recomiendo, pues, vivamente. ]

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Era el viernes 20 de Noviembre …    Cuando fue fusilado JOSE ANTONIO

“¿Ya es hora?” – El último abrazo de Miguel – Los cuiatro condenados de Novelda  – Todos los disparos de la descarga bárbara fueron a clavarse en su pecho  – La fosa común número 5

Por JOSE ESCALERA

Por decisión especial de los dirigentes rojos, el fusilamiento de José Antonio se ejecutó en el patio de la Cárcel Mayor de Alicante. Hasta entonces todos los fusilamientos que se hacían en la ciudad levantina se realizaban en las afueras y en puntos diferentes, menos en el interior de las cárceles.

desde mucho antes de la hora señalada para la ejecución  –  seis y media de la mañana  –  estaba todo el edificio de la cárcel alicantina repleto de milicianos, de gente zafia y criminal, que habían acudido con el deseo perverso de tomar parte en el fusilamiento, o impulsados por el regusto insano de presenciar la agonía de nuestro fundador.

Uno de los cuatro oficiales de servicio en la cárcel, don Enrique Alijo, fue el encargado de anunciar a José Antonio que vse dispusiera a morir.

– ¿Ya es la hora? –  preguntó el glorioso mártir.

Todavía, luego, bajó su hermano Miguel de la celda número diez, que ocupaba en la galería cuarta. Se abrazaron trémulos ambos hermanos; y José Antonio dijo a Miguel, dándole unas suaves palmadas en la espalda :

– No te apures, Miguel, ¡No te apures! .

Echó a andar el oficial de servicio, Alijo. Tras él , seguro el paso, iba José Antonio. Milicianos y guardias de Asalto lo rodearon y le dieron custodia pasillo adelante hasta el patizuelo mismo en que iba a ser ejecutado.

Era viernes 20 de noviembre … El cielo, negro como el propio dolor, lloraba una lluvia leve de lágrimas menudas …

_ _ _

El patio en que José Antonio iba  a ser ejecutado es angosto, irregular; está flanqueado por altas tapias de piedra, y tiene entrada desde la cárcel por una puerta de la que descienden cuatro altos escalones.

Había allí, con el fusil preparado para hacer fuego, unos diez comunistas; hasta seis u ocho de la F.A.I. (he aquí los apellidos de algunos de ellos : Pantoja, Bakunin, Beltrán y (o) “El Gallego”), y un grupo numeroso de guardias de Asalto, al mando del Teniente Juán González, que era el encargado de ponerse al frente del heterogéneo pelotón de ejecuciones. Había también, pero aislados en el lugar destinado a las víctimas, cuatro condenados a muerte, naturales de Novelda, que habían sido sacados de la Cárcel del reformatorio de Alicante por un grupo de guardias de Asalto. Los cuatro condenados esperaban, musitando oraciones con los ojos en el cielo, el momento de su muerte.

Cesó un momento el murmullo de la milicianada, que esperaba con el fusil asestado, y José Antonio apareció, magnífico, bañado en la lívida luz del amanecer, en la alta puerta de acceso al interior de la Cárcel. Todos los ojos de levantaron hacia él, y él se impresionó un poco al ver el grupo de los cuatro condenados, que, en el centro del patizuelo, solitarios, formaban un cuadro de terrible dramatismo, frente a los milicianos enfurecidos.

José Antonio iba vestido con un traje gris obscuro, y se había echado un grueso abrigo sobre los hombros al salir de la celda.

Antes de colocarse en el sitio donde esperó a la muerte, estrechó la mano al director y a los oficiales de la Prisión.

– Si alguna vez les he molestado o algo malo he hecho, perdónenme  –  les dijo.

Estrechó la mano también de los que, segundos después, iban a caer y a confundir con él su sangre, y los confortó diciéndoles que confiaran en la piedad de Dios.

Luego ya, se despojó del abrigo y lo arrojó con desenvoltura sobre el suelo junto a la alta tapia que quedaba a su izquierda.

Frente a él, mudos, sin comprender la serenidad que en aquellos momentos le llenaba el corazón, sin saber decir nada, acechaban los milicianos con el arma prevenida.

José Antonio se colocó en el extremo de la izquierda del grupo de condenados, un poco apartado de los otros cuatro.. Se cruzó de brazos, adelantó el pié izquierdo, y, en el instante de sonar la descarga, hizo con la mano izquierda un ademán que cortó el fuego y heló la muerte : su último grito de ¡Arriba España! se había ahogado en sangre.

Los milicianos dispararon mucho, mucho : lo dejaron acribillado. José Antonio se desplomó, teñido su cuerpo en borbotones de sangre hirviente.

_ _ _

Todos los disparos de la descarga bárbara fueron a clavarse en su pecho. Los cuatro condenados de Novelda quedaron todavía en pié, indemnes, varios segundos, en que los cerrojos de los fusiles sonaron con un chasquido seco, letal …

Era viernes y 20 de Noviembre. La descarga magnicida taladró la mañana lluviosa y retumbó desgarradora en dos celdas cercanas : la de Miguel, a pocos metros del lugar de la ejecución, y la que ocupaban “tía Ma”, Carmen y Margot con Pilar Millán Astray en la Cárcel del Reformatorio. Miguel se arrojó de bruces sobre su colchoneta galvanizado por el dolor. Carmen dió un grito de espanto, y las otras mujeres se echaron a llorar implorando al cielo.

Eran las siete menos veinte. La hora oficial señalada para la ejecución fue la de las seis y media de la mañana. Pero Pilar Millán Aastray había parado su reloj en el instante justo de oirse la descarga : siete menos veinte.

_ _ _

Acababan de sonar los tiros de gracia. Dos milicianos se acercaron al cadáver de José Antonio, que yacía empapado en sangre. Lo hizaron por debajo de los brazos y lo condujeron hasta la ambulancia que esperaba para trasladarlo al cementerio. El cadáver del glorioso fusilado quedó sobre el suelo, junto a la ambulancia, mientras fueron colocando dentro del vehículo a los otros cuatro ejecutados; el objeto era poner el cuerpo de José Antonio encima del montón macabro, para que las arpías y los monstruos que esperaban a las puertas de la Cárcel comprobaran al primer golpe de vista que el Jefe de la Falange Española iba muerto y bañado en sangre dentro de aquella ambulancia.

En efecto, al salir de la Cárcel el triste cargamento alguien abrió la puerta trasera del vehículo fúnebre, y la chusma desdichada, sin alma ni piedad, se alzó de puntillas hasta ver con sus ojos el cuerpo inerte y acribillado de José Antonio Primo de Rivera.

_ _ _

Ya en el cementerio, la ambulancia penetró hasta el mismo pié de la sepultura, de la fosa destinada a los sentenciados.

Repito que el cadáver de José Antonio iba encima de los demás ejecutados. Así, fue el primero que descargaron de la ambulancia. Y al sacarlo de ella para depositarlo en la fosa, cayó al suelo un Crucifijo  –  regalo de Pío XI y con indulgencias plenarias  –  que José Antonio había recibido de manos de su hermana Carmen la noche anterior. Un miliciano quiso apoderarse de aquel Crucifijo, no se sabe con qué intenciones; pero el conserje del cementerio, Tomás Santonja Ruíz, se lo quitó de un manotazo y volvió a colocarlo debajo de la camisa de nuestro Ausente, sobre el costado Izquierdo.

Se dispusieron los enterradores a cumplir su oficio. Con dos cuerdas, una que le pasaron por debajo del cuello, y otra que le trenzaron a las piernas, fue descendido el cadáver de José Antonio al fondo de la fosa, y quedó colocado allí boca arriba, en posición natural, sin ataúd ni envoltura alguna. De la misma forma, los otros cuatro muertos fueron colocados encima de los restos de nuestro Ausente.

Quedó la fosa a medio cubrir, sin que la tierra acabara de cerrarla. Aún tenía capacidad para otros cuantos cadáveres. Y todo el día 20 y toda la noche del 20 al 21, el conserje Santorja montó vigilancia al pié de la tumba de José Antonio. Hasta que, por fin, llegaron tres féretros procedentes del hospital de Alicante. Luego, con una gran losa de cemento, sin una cita, ni una palabra de recuerdo, quedó cubierta la fosa común en que fue entregado a la tierra el cuerpo joven de un hombre nacido para césar : José Antonio Primo de Rivera.

La fosa era la fosa común número 5.

A raíz de la liberación de Alicante, fuí designado con mucho honor por este periódico en que escribo, para componer un reportaje sobre los últimos días terrenos de nuestro Fundador. Yo lo titulé  “Verdad y angustia de la muerte de José Antonio”.

Y en Alicante recorrí todos los sitios de dolor y recuerdo en que nuestro Ausente había estado con la cruz de su martirio sobre los hombros. Hasta tuve la curiosidad de hojear el registro de enterramientos que existe en la oficina del cementerio. En el folio 76 del libro cuarto figuraba el nombre de José Antonio. Allí consta lo siguiente:         “Cadáver número 22.450 : José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, enterrado en la fosa número 5, fila nevena del cuadro 12.”

En los renglones precedentes, encima de su nombre, como en la fosa estuvieron encima de su cuerpo, figuraban los cuatro patriotas de Novelda que fueron ejecutados con José Antonio en la misma hora de sangre. Helos aquí:

“22.446, Luis Segura Baus,                                                                                                           22.447, Vicente Muñíz Navarro,                                                                                               22.448, Ezequiel Mira Iñesta,                                                                                                     22.449, Luís López López.”

Cuando salí del cementerio y abandoné Alicante, unas palabras de José Antonio, estampadas con serena conformidad en su testamento póstumo, hacían eco en mi mente. Son éstas : “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles.”

JOSE ESCALERA.

 

[Entierro de José Antonio.]

 

 

La Prisión de Jose Antonio en los años 60, cuando aún mantenía en su fachada rasgos falangistas.

 

 [La Prisión de Jose Antonio en 1990, cuando comenzó su derribo, movido por el mísmo ánimo mezquino, absolutista, sectario, intolerante, miserable, que impulsa a sus hipócritas canallas a destruir todos los monumentos, santuarios (“Valle de los Caídos”), estatuas, emblemas, edificios, nombres de calles y plazas, búnkeres (como el de la Cancillería de Berlín), y cuantas efigies u obras haya representativas de las buenas personas a quienes vilísimamente atacan y cuyo credo filosófico y político de inspiración clásica natural y/o cristiana condenan, prohiben y bárbaramente castigan.]

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PROXIMAMENTE TRANSCRIBIRÉ EL SEGUNDO ARTICULO APARECIDO EN LA MISMA PAGINA CITADA, DEL DIARIO “FE”. SI EL PACIENTE LECTOR CONSULTA DE NUEVO ESTE “DOSSIER”, PODRÁ, DIOS MEDIANTE, VER YA TRANSCRITO EL TEXTO ANUNCIADO. 

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ARTICULO CON REFERENCIAS A LA SEPULTURA DE J.A. Y A ASUNTOS RELACIONADOS.

[Está publicado en el blog de la Plataforma 2003, es decir, de una asociación que ha hecho y hace muyo bien en materia histórica y de publicación de libros buenos; sinembargo tiene la idea acomodaticia y errónea de que hay que rehabilitar la figura de J.A., pero no su obra en sí como esencialmente útil al presente, o como aplicable al mundo actual, de modo que haya menester modernización, habitualmente entendida bajo el criterio pseudodemocratista también llamado demoliberal, lacayo de la política globalista esclavizante propia del sionismo de los Protocolos de los sabios de sión. La labor de publicaciones de textos históricos falangistas y de falangistas sin más, que lleva a cabo esa sociedad “Plataforma 2003”, es encomiable; su idea de que la doctrina de J.A. ha de ser modernizada, adaptada a la podre moderna que la plataforma elogia, es aberrante, mas fácilmente separable del bien que dicha asociación hace.]

 http://www.plataforma2003.org/colaboraciones/52_las-medallas-de-joseantonio.htm

Las medallas de José Antonio

Francisco Caballero Leonarte

Recientemente, hurgando entre los montones de fotos históricas que me facilitaron en un archivo fotográfico público de Barcelona, observé una que, en principio, no me despertó ningún interés por las imágenes que contenía, pero, al dar lectura a la etiqueta del dorso pude percatarme de que se trataba de algo interesante para mí. La referida etiqueta decía textualmente: Arqueta que contiene tierra de la sepultura de José Antonio, flores, medallas y escapularios que llevaba cuando lo fusilaron, y el pequeño crucifijo que apareció en su mano cuando lo desenterraron. Me quedé sorprendido. A pesar de mis innumerables lecturas sobre el Fundador de la Falange, yo no tenía conocimiento de ese hecho que, indudablemente, ponía en evidencia un aspecto de la religiosidad de José Antonio.

Este hallazgo me comprometió a iniciar una pequeña investigación conducente al mejor conocimiento de la personalidad del Fundador, por lo que me propuse ahondar en aspectos que pudieran contribuir a entender con mayor rigor su perfil humano y religioso.

Al margen de los diversos libros1 y artículos que nos ofrecen testimonios de la religiosidad de José Antonio, estimé que yo tenía ante mí, en aquella fotografía, una evidencia concreta; allí estaban las medallas, crucifijo, “detente”, escapulario…que él tuvo en su poder mientras duró su encarcelamiento.

Sobre la religiosidad de José Antonio, creo que es innecesario pronunciarse, porque algunos de sus familiares y biógrafos ya lo han hecho con mayor autoridad. Aquí trataré, simplemente, de descifrar por qué José Antonio llevó consigo, durante el tiempo penitencial de su cautiverio, esos símbolos religiosos y no otros; qué significado y qué efectos taumatúrgicos posee cada uno de ellos…y, lo más importante, ¿de verdad José Antonio estaba imbuido de la fe necesaria para estimar esos símbolos en todo su alcance y profundidad religiosa o, quizás, hubo algo de deseo de consuelo, de reconstitución de su ánimo, en aquellos momentos críticos de profunda ansiedad ante una más que probable muerte?

EL HALLAZGO DE LAS MEDALLAS Y OBJETOS RELIGIOSOS

Si bien en distintos pasajes de la vida carcelaria de José Antonio se alude al tema de sus prácticas religiosas (lectura de La Biblia, rezo del Rosario…) e incluso se mencionan algunos objetos religiosos que, posteriormente, aparecieron en la exhumación de su cadáver, me centraré en la descripción y estudio de cada uno de esos objetos (siempre que el estado de la imagen permita su reconocimiento) con intención de aclarar la causa de su posesión. Para ello recurrimos, en primer lugar, a la narración que nos hace Javier P. Millán Astray2: Como oficial de Franco entré el primero en Alicante.  Acompañado de mi sargento, puse el pie en el sagrado recinto, donde todo era silencio y soledad entre las tumbas. Me avisté con el capataz, Tomás Santonja Ruíz, y le interrogué acerca del lugar donde se encontraba enterrado José Antonio. Me enseñó el capataz su libro de notas. Leí: “Fosa once”. Y detrás el nombre de nuestro muerto, seguido de Vicente Muñoz, Luís Segura, Ezequiel Mira, Luis López, Felipe Codina. Pero no era en la fosa número once donde se había verificado la inhumación, sino en la señalada con el número cinco. El capataz cambió deliberadamente los números para evitar cualquier profanación. […] Aún no había nacido el sol del siguiente día cuando, ayudado por unos camaradas y los empleados del cementerio, fuimos sacando los cadáveres de la fosa. Solo el de Felipe Codina estaba encerrado en un ataúd, porque había fallecido de muerte natural en un hospital. Los últimos restos que yacían en la sepultura eran los de nuestro querido Jefe.

Hallazgo de las reliquias en la fosa

Limpio de tierra, José Antonio, intacto como si pocos minutos antes hubiera muerto, descansaba en la honda sepultura, con la mano derecha crispada sobre el jersey en el lugar del corazón. Solo los pies, descalzos con unas toscas alpargatas, habían sufrido los efectos de la descomposición. […] Rezamos un padrenuestro, dijimos con fervor nuestros Presentes y a una seña de Miguel bajé a la fosa. Lo primero que me extrañó fue encontrar sobre el cadáver un crucifijo suelto…Un miliciano lo había arrancado del cuello de José Antonio en la primera inhumación pero el capataz haciendo valer su autoridad, le había obligado a devolverlo… Levanté la mano derecha de nuestro Jefe muerto. Le desprendí un imperdible con tres medallas que llevaba sujeto al jersey y se las entregué al conmovido hermano.

En algunas imágenes que figuran en el libro La personalidad religiosa de José Antonio se pueden observar, aunque de forma imperfecta, el relicario con la cruz, el escapulario, el “detente” y las medallas sujetas al imperdible. Pero no son del todo reconocibles las imágenes de dichas medallitas. El deterioro producido por el tiempo transcurrido y las condiciones naturales de la fosa, además de la poca calidad de la fotografía reproducida, no han permitido distinguirlas con claridad. El relicario que contiene el pequeño crucifijo tiene una leyenda que dice: Crucifijo que tuvo en su mano José Antonio en el momento de ser fusilado el día 20 de noviembre de 1936, y con el que fue enterrado en Alicante hasta su traslado al escorial el día 20 de noviembre de 1939.


LA PROCEDENCIA Y EL SENTIDO DE ESOS SÍMBOLOS

Sabemos que José Antonio tenía un sentido profundo de la religiosidad, el cual, lógicamente, estaba exento de fanatismos o beatería. Había dado prueba de ello mucho antes de su encarcelamiento, no solo en la elaboración de su doctrina política (Punto 25 de los Programáticos de la Falange: Nuestro Movimiento incorpora el sentido católico, de gloriosa tradición y predominante en España a la reconstrucción nacional), sino también en diversas ocasiones coyunturales o anecdóticas. Así, no es de extrañar que, precisamente en su estado cautivo, acentuase su actividad piadosa y decidiera proveerse, por medio de sus familiares y amigos más allegados, de los objetos religiosos mencionados. La Fe Católica del Fundador de la Falange, la aceptación de los símbolos de su Iglesia, hoy nos puede parecer incluso pueril, pero cierto es que antaño se vivía la religiosidad de una manera mucho más formal y rigurosa. ¿Acaso desmerecería en algo el rigor intelectual del joven abogado el hecho de que rezase ante El Crucificado y pasara el Santo Rosario? Durante su tiempo de cautiverio, José Antonio leía la Biblia que le había regalado su amiga y camarada Carmen Werner3 y, llegado próximo el momento de su sacrificio ante el pelotón de ejecución, pide permiso para acceder al sacramento de la confesión. El sacerdote D. José Planelles, que también estaba preso en la misma cárcel, sería el encargado de atender su deseo. Después diría: Hoy he confesado a uno que va a morir por todos nosotros.

A tenor de lo dicho, podemos entender, perfectamente, el deseo del Fundador de poseer unos símbolos religiosos que le permitieran profundizar en la oración y en la Fe. No obstante surge inmediatamente la pregunta: ¿Por qué esos símbolos y no otros? Ya hemos dicho que la Biblia se la regaló Carmen Werner, pero esta no fue la única persona que facilitó al preso efectos religiosos. Sabemos que el pequeño Crucifijo que tanto estimó José Antonio y que portó en sus manos cuando lo
fusilaron, se lo había regalado su hermana Carmen las vísperas de su ejecución; en el momento de recibirlo le dijo: Me alegro mucho, pues no tenía. En opinión de Álvaro Abellán4 El crucifijo ha representado durante siglos un ejemplo de sacrificio y amor desinteresado; ha sido símbolo de una justicia elevada por la misericordia; ha sido consuelo de los pobres, los humildes, los sencillos y los perseguidos. Por supuesto, para un creyente fervoroso ese símbolo representa mucho más todavía: es la imagen del Redentor de los hombres, la Luz permanente.

El escapulario

También sabemos que José Antonio tenía en su poder un escapulario de la Virgen de la Merced que, según algunos autores, pendía siempre de la cabecera de su cama desde el día de su encarcelamiento. Lo cierto es que ese objeto religioso aparece entre los rescatados en la exhumación de su cadáver.

Pero no era casual que el Fundador tuviese en su poder ese escapulario, pues se sabe que José Antonio pertenecía, como caballero, a la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como Orden de la Merced5. La devoción de José Antonio por estos monjes soldados, que tenían como misión principal, en los tiempos de su fundación (S.XIII), el adentrarse en tierra de moros y rescatar cautivos, era muy grande y le servía de inspiración.

Detente y escapulario


Pero ¿qué es un escapulario? Los escapularios son objetos devocionales que se utilizan como una demostración de lealtad a una hermandad o cofradía, santo, o forma de vida, así como recordatorio constante de ese voto6. El escapulario de Nuestra Señora de la Merced es de color blanco, y la parte frontal tiene una imagen de la Virgen y detrás el escudo de la Orden. Según lo define la Iglesia es: Una gracia especialísima que la Virgen María Madre de Dios concede a sus hijos predilectos como signo de su filiación, escudo de su amparo y baluarte de su defensa en todos los peligros del alma y del cuerpo.

Medalla de la Santa Faz

Entre los objetos religiosos rescatados del cadáver de José Antonio también figura una medalla de la Santa Faz. No sabemos cómo llegó hasta él, pues, en este caso, no conocemos nombre de persona que se la pudiera haber entregado.

Haciendo la consulta a través de Internet (http://www.santisimavirgen.com.ar./santa_faz.htm) obtenemos conocimiento de lo siguiente: (extracto) Jesucristo Nuestro Señor ha concedido gracias enormes a los devotos de su Santa Faz. “La saludable reparación a la Santa Faz es una obra divina, destinada a salvar a la sociedad moderna”, afirmó S.S. Pio IX. – Entre los diversos efectos taumatúrgicos que se le atribuyen figura: Todos los que defiendan esta causa de reparación, por palabras, por oraciones o por escrito, recibirán defensa también en sus causas delante de Dios Padre a la hora de la muerte. Yo enjugaré la faz de sus almas, limpiando las manchas del pecado y devolviéndoles su primitiva hermosura.

Medalla de la Santa Faz (parece que es la mayor)


En relación con la idea de la muerte José Antonio, como creyente, tenía una íntima preocupación. Poco después de sufrir el atentado, a la salida de un juicio celebrado en la cárcel Modelo de Madrid, el día 10 de abril de 1934, fue entrevistado por el periodista César González Ruano, que trabajaba para el diario ABC. El entrevistador le preguntó por aquello que más le hubiera preocupado en el caso de haber muerto en el atentado. José Antonio le respondió: Por no saber si estaba preparado para morir. La eternidad me preocupa hondamente. Soy enemigo de las improvisaciones. Igual en un discurso que en la muerte. La improvisación es una actitud de la escuela romántica y no me gusta.Tiempo después, concluido el proceso de Alicante, concentró todos sus esfuerzos en ese menester. Desde la cárcel le escribió a su tío Antón: Trato de disponerme lo mejor posible para el juicio de Dios. Posteriormente le diría a su tía Carmen: Dos letras para confirmarte la buena noticia, la agradable noticia, de que estoy preparado para morir bien, si Dios quiere que muera, y para vivir mejor que hasta ahora, si Dios dispone que viva. Evidentemente, estas manifestaciones del Fundador dan un sentido a la posesión, por su parte, de esas pequeñas imágenes religiosas, nos explican el porqué le acompañaron hasta la tumba. Esos símbolos para un creyente son unos valiosos elementos auxiliares para el recogimiento y la oración. El joven abogado lo estimaba así.

El ¡Detente bala!

Tampoco tenemos constancia de quién le proporcionó a José Antonio el ¡Detente bala! que aparece entre lo rescatado en la exhumación de su cadáver. Veamos una versión de su origen y efectos taumatúrgicos, a cargo de Jesús Fidelis (http://jesusfidelis.blogspot.com): Al parecer, su origen proviene de la época de Santa Margarita María Alacoque, como lo atestigua una carta dirigida por ella a la Madre Saumaise el 2 de marzo de 1686,en la que dice: “El (Jesús) desea que usted mande a hacer unas placas de cobre con la imagen de su Sagrado Corazón para que todos aquellos que quisieran ofrecerle un homenaje las pongan en sus casas, y unas pequeñas para llevarlas puestas”. A partir de entonces las mujeres bordaban para sus hijos, maridos o novios estos pequeños emblemas que tendrían el poder de detener cualquier bala destinada al cuerpo de sus seres queridos. El caso es que la exclamación “¡Detente bala!”, ha quedado para intentar apartar de la vida aquello que, sabemos, va a causarnos un efecto terrible. Deseamos que esa “bala” dirigida a nuestros sentimientos se detenga o se desvíe; que no nos toque, que no nos haga daño.

Quien esto escribe recuerda, perfectamente, haber visto antaño, en infinidad de hogares, tanto rurales como urbanos, en toda la geografía de España, la imagen del Sagrado Corazón de Jesús adosada en las puertas de entrada a la casa.

Medalla de la Virgen del Carmen

Enrique Pavón Pereira, en su obra “De la vida de José Antonio” (pp.156-157) narra que durante la visita que recibió en la cárcel de Alicante de un grupo de mujeres de la Sección Femenina de la Falange valenciana, una de ellas, Ana Mª Perogordo, fotografía a los dos hermanos (José Antonio y Miguel) y pone en boca del Fundador las siguientes palabras:

– “Cuidado –advierte [bromeando al verse fotografiado]-, puedo romper la máquina. Estoy medio endemoniado.
– Se ríen con ganas.
¿Veis estas medallitas de la Virgen del Carmen? Sin ellas resultaría imposible romper el sortilegio y salvarme”.

Por este texto sabemos que el Fundador tenía en su poder, entre otras, estas medallitas de la Virgen del Carmen. Sin embargo, no hemos podido reconocer todas (cuatro) las que aparecieron en la primera exhumación de su cadáver. Con dificultades puede reconocerse la de la Virgen del Carmen, que parece ser la que tiene forma ovalada. También hay una de forma rectangular, que pudiera ser de San Antonio, y una redonda, más pequeña que la de la Santa Faz, que no es reconocible en absoluto.

Pero veamos qué propiedades tiene la medalla-escapulario de la Virgen del Carmen: esta medalla, bendecida, podrán usarla quienes por alguna causa no puedan utilizar el escapulario de tela, aunque solo después de que se les imponga el mencionado escapulario (privilegio concedido por Pio X en diciembre de 1910).

Privilegios concedidos:

1. Muerte en estado de gracia para aquellos que lo hubiesen llevado piadosamente en vida y muerto con él (Promesa de San Simón Stok)
2. El llamado “privilegio sabatino”. La Santísima Virgen sacará del purgatorio el primer sábado después de la muerte a los que (Promesa al Papa Juan XXII):
a)  Lleven piadosamente el escapulario y mueran con él;
b)  Guarden con esmero la castidad según su estado;
c)  Recen diariamente el Oficio Menor de Nuestra Señora o las oraciones prescritas por quien le impone el escapulario http://www.fatima.pe/articulo-429-el-escapulario-de-la-virgen-del-carmen

A modo de conclusión

De todo lo expuesto se puede concluir que José Antonio era un fervoroso creyente católico que, en unas circunstancias verdaderamente dramáticas de su existencia, acentuó sus prácticas religiosas, impulsado, precisamente, por la idea que de la muerte y la eternidad, sabemos, siempre le preocupó. Sirvan estos pequeños datos para la reflexión, cuando se cumple el LXXVII aniversario de su muerte.

……………….

(1) Ver especialmente La personalidad religiosa de José Antonio. Miguel Medina, Cecilio de. Ed. ALMENA. 1975.
(2) Javier P. Millán Astray.- ABC de Sevilla, 20 de noviembre de 1953.
(3) Carmen Werner recibió una de las medallas religiosas que llevaba el cadáver de José Antonio cuando este fue exhumado en 1939.
(4) Álvaro Abellán, doctor en Humanidades y CC. Sociales.
(5) La Orden de la Merced es una Orden religiosa Católica, fundada en 1218 por San Pedro Nolasco (Ca. 1180-1245) para la redención de los cristianos cautivos en manos de musulmanes (60.000 hasta 1779). Los mercedarios se comprometen con un cuarto voto, añadido a los tradicionales de pobreza, obediencia y castidad de las demás órdenes, a liberar a otros más débiles en la fe, aunque su vida peligre por ello (De Wikipedia, la enciclopedia libre).
(6)  Coralia Anchisi de Rodríguez, historiadora y profesora universitaria de Guatemala.

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Acerca de ricardodeperea

Nacido en Sevilla, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes de Sevilla, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito de D. Ricardo, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán), y pintor artístico; y de Dñª. Josefina, modista y sastre ( para hombre y mujer), mas principalmente pintora artística de entusiata vocación. Desafortunadamente dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato, dibujo y pintura fueron su pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de San Antonio de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi padre, de la Piedad de Crespi, en tiempo litúrgico de San José. Seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Revmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo de Sevilla. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (S.cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico). Ordenado de Menores por el Obispo de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos, el 20 de Marzo de 1982. Delegado de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., en España. Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne católico Doctor y Obispo Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro. Capellán Castrense del Ejército del Aire, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid); luego de causar baja, como también el nº 2 de la promoción, a causa de encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 3, primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa. Fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial (substituto temporal del titular) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, aficionado a la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema literario es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de "El Filósofo", Aristóteles, Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino, los RRPP Santiago Ramírez, Cornelio Fabro, Juán de Santo Tomás, Domingo Báñez, el Cardenal Cayetano, el Ferrariense, Domingo de Soto, Goudin, los Cardenales Zigliara y González, Norberto del Prado; Friedrich Nietsche, Martin Heidegger ; Fray Magín Ferrer, Ramón Nocedal y Romea, Juán Vázquez de Mella, Enrique Gil Robles, Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, suvbersivos, y de la judeleninista ETA), S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra Ciudad), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola y Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, etc. . En Derecho Canónico admira especialmente a Manuel González Téllez y Fray Juán Escobar del Corro; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "polulista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que quiera, el cuál, sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista), ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial (1914-1945), ora Caídos en combate o a resultas; se considera y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista).
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2 respuestas a Relato minucioso y apuntes históricos sobre la muerte y sepultura del Excmº. Sr. Don José Antonio Primo de Rivera y Saenz de Heredia, Grande de España. Artículos Periodísticos en página 3 del diario F.E., de la Falnge Española Tradicionalista de las J.O.N.S, de 19 de Nov. de 1939, III Año Triunfal, (Año IV, nº. 1163). TRANSCRIPCION del Padre R. de Perea. En curso.

  1. tarari dijo:

    Por que no citas la fuente de donde sacas el articulo majete?

    • La fuente consta exactamente en el título de esta misma “entrada” de mi blog : Diario “FE”, de 19 de Nov. de 1939 (Año IV, nº. 1163).
      Gracias por lo de majete. Hace tanto tiempo que nadie me dice algo elogioso, que, a pesar de la ironía con que creo que me lo dices, me hago la ilusión placentera de que me tratas con simpatía. Por lo menos me agrada el vocablo.
      R. de Perea y Glez., Pbrº.

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