HARRY SHALOM SHIPE TRUMAN, JUDIAZO, MASONAZO, GENOCIDA DE CATOLICOS Y GENTILES, antiCRISTO Y ANTIPAPISTA. Una su carta al Papa.


TRUMANEl judiazo de secta diavólica, en traje de gala del uniforme de la Francmasonería de que era miembrazo, llegando a ser  primero gran maestre y después del grado 33. Lógicamenyte lanzó dos bombas atómicas sobre Japón a sendas ciudades prominentemente cristianas: el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima y el 9 de agosto en Nagasaki, matando a unas 300.000 personas, en su gran mayoría civiles inocentes.
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La siguiente carta fue publicada por una revista masónica hispanoamericana, de la que daré referencia próximamente. La publicó también, en los años 60, la edit. Nos, en “Los Protocolos de los sabios de sión”, edición con los comentarios de Mons. Juin, Prelado de  S.S. . El original no me aparece, por cuanto no puedo verificar si ha existido. Que el pensamiento de la misiva es lo que los masones que la publicaron querían que Truman le hubiera dicho al Papa resultaría obvio, de hallarse la citada fuente hispanoamericana. Queda, pués, por averiguar si ha habido o no una carta auténtica de Truman a Pío XII, con el texto que se expone a continuación, después del cuál reproduzco una al parecer verdadera correspondencia entre el francmasón y dicho pontífice. Las imágenes adjuntas han sido añadidas por mí.

C.B.

Washington, D.C.

Estimado Señor Pacelli:

Como bautista y como jefe ejecutivo de la más grande y poderosa nación del mundo, en la cual todos me llaman simplemente Señor Truman, no puedo dirigirme a Ud. como Su Santidad, titulo que solo pertenece a DIOS.

Nosotros, en los Estados Unidos de América, consideramos a todos los hombres iguales delante de Dios y nos dirigimos a ellos por sus verdaderos nombres. Por eso mismo es que me dirijo a Ud. simplemente como señor Pacelli.

El pueblo que me eligió su Jefe Ejecutivo es una nación democrática, amiga de la paz, por lo tanto mi deber es conseguir la cooperación de aquellos que realmente hayan dado pruebas de desear la Paz y de trabajar para conseguirla, no de los que gritan paz y fomentan la guerra. No creo que Ud. ni su iglesia estén entre los que verdaderamente desean la paz y trabajan por ella.

En primer lugar, nuestros antepasados fundadores de esta gran nación, conocedores por la historia de la naturaleza de vuestra iglesia amante de la política y de la guerra, sentaron como principio de nuestro gobierno no permitir vuestra intromisión en nuestros asuntos de gobierno.

Aprendieron bien esa lección en la historia de Europa y, por eso, estamos convencidos de que nuestra democracia durará mientras no aceptemos vuestra intromisión, como lo hicieron los gobiernos de Europa a quienes enredasteis con vuestras doctrinas e intrigas políticas. Thomas Jefferson, uno de los mas sabios de nuestro país, dijo esto mismo cuando lo declaró: ” La historia no nos muestra ningún ejemplo de pueblo alguno manejado por el clero que haya tenido un gobierno civil y libre”.

Por eso es usted la última persona en el mundo que pueda enseñarme la forma de dirigir a mi pueblo por el camino de la paz.

Para refrescar su memoria le recordaré algunos hechos de su predecesor en el Vaticano el Papa Pío XI, el iniciador de toda agresión fascista en los tratados de Letrán, celebrados con Mussolini en 1929. Este fue el principio de la traición a la civilización cristiana. Fue este el comienzo de los horrores que sufrieron Europa y el mundo, cuyas consecuencias estamos sufriendo todavía.

Un notable escritor e historiador de mi país, Lewis Munford (que no es comunista, ni odia a los católicos), escribió lo siguiente en su libro ” Faith For Living”, que publicó en 1940: “La traición al mundo cristiano se efectuó claramente en 1929 con el concordato celebrado con Mussolini y el Papa”. Dice algo más: “Desafortunadamente los propósitos del fascismo están en gran conflicto con los de una república libre, como es la de los Estados Unidos de América.

En este tratado la Iglesia Católica…fue su aliada, una potente aliada, de las fuerzas de la destrucción”.

En esa época muy pocos de los que vivimos en los Estados Unidos conocíamos la verdadera naturaleza del fascismo, como ud. y el Papa XI lo conocían, pues fueron los que fomentaron la guerra y aliaron su iglesia a él (el fascismo).

Usted mismo fue especialmente preparado, como joven sacerdote y como diplomático de la Iglesia, para el propósito específico de ayudar a Alemania a prepararse para la Guerra Mundial.

Usted y el Káiser urdieron en Suiza las intrigas contra los aliados durante la primera guerra mundial. Usted estuvo doce años en Alemania en donde tomó parte de la ascensión de Hitler al poder, habiendo celebrado acuerdos con él y con el execrado Von Papen, un segundo Papa, que ayudo a Hitler a tomar el poder y puso firma con la del Cardenal Eugenio Pacelli y la de Hitler en el Concordato con el Vaticano, firmado en 1933.

Nadie creerá jamás que usted ignorase el complot de Hitler y sus nazis estaban preparado contra nosotros. El propio biógrafo católico dice que ud. , durante esos años era ” el hombre informado del Reich”.

Después de la firma del Concordato por ud. y por Von Papen y de hacer aspersiones con agua bendita a Hitler dándole la ” impresión” de que resucitaba, Von Papen, que logró escapar de Nuremberg, se jactaba en la siguiente forma: “el tercer Reich es el primer poder que no solamente reconoce sino que pone en práctica los altos principios del papado”.

Vuestros cardenales y obispos bendijeron en Roma las armas de guerra de los soldados enviados contra indefensos etíopes. Vuestro cardenal Schuester, de Milán, proclamó el robo de Etiopia como una cruzada santa ” para llevar en triunfo a Etiopia la Cruz de Cristo” . Mientras tanto sigue Ud. llamando a su iglesia “la iglesia de Dios” y pretende que yo, como jefe de un estado civil, le admita a Ud. como superior a mi y al pueblo de los Estados Unidos de América. Ud. habla con palabras melosas sobre justicia y al mismo tiempo hace sonar los tambores para otra guerra, tal vez más terrible que las dos ultimas, contra Rusia que nos ayudo a derrotar a Hitler y Mussolini.

Usted está incitando a los Estados Unidos para que cuando antes declare la guerra a Rusia, usando los mismos métodos empleados por Hitler para lograr la solidez de sus detestables y diabólicos regímenes.

Usted quiere que desperdiciemos nuestro dinero y que enviemos a nuestros jóvenes a una muerte horrible, que sobre los cadáveres de Hitler y de Mussolini terminemos la lucha que aquellos empezaron con ayuda suya y a quienes nosotros derrotamos. Si, Estados Unidos de América desean la Paz, pues de todas las naciones solamente nosotros quedamos con alguna prosperidad y decencia.

Somos el baluarte de las libertades democráticas protestantes. Si nosotros, o la Inglaterra protestante, nos debilitásemos vuestra CULTURA CATÓLICA tendría una oportunidad para gobernar otra vez el mundo haciéndolo retroceder a la Edad Media. Si perdiésemos o nos debilitásemos con la guerra que Ud. está provocando contra Rusia, fácilmente procuraría el Vaticano una alianza con ella. Su predecesor el Papa Pío XI , declaró públicamente que el haría pacto CON EL DIABLO MISMO , si conviniese a los intereses de la Iglesia. Por lo tanto, señor Pacelli, es mi deber como Jefe de este país predominantemente protestante, rechazar sus propuestas a guisa de alianza, de pacto de paz. “Los que comen en el plato en que el Diablo está comiendo, deben usar una cuchara muy larga”.

Continuaré mi labor para lograr y mantener la paz como buen bautista, conservando los honrados principios protestantes que hicieron poderosa nuestra nación y trabajando por ellos.

Sinceramente suyo,

HARRY S. TRUMAN

PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

64-1-01

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Harry S. Truman

Exchange of Messages With Pope Pius XII.
August 28, 1947
http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=12746
Public Papers of the Presidents
Harry S. Truman<br>1947
Harry S. Truman
1947

[Released August 28, 1947. Dated August 6, 1947]

Your Holiness:

In continuance of the exchanges of views undertaken from time to time since their beginning, on December 23, 1939, for the purpose of facilitating parallel endeavors for peace and the alleviation of human suffering, I am requesting Mr. Taylor to return to Rome and to resume audiences with Your Holiness at such times as may be found appropriate. These exchanges have already contributed profoundly toward a sound and lasting peace and to the strengthening of the impelling convictions pursued by the peoples of the world in their quest for a moral world order firmly established in the life of nations.

I desire to do everything in my power to support and to contribute to a concert of all the forces striving for a moral world. Those forces are in the homes of peaceful and law-abiding citizens in every part of the world who are exemplifying in their own lives the principles of the good neighbor: the Golden Rule itself. They are on the farms, in the factories, mines, and little shops in all parts of the world where the principles of free cooperation and voluntary association in self-government are honored. These moral aspirations are in the hearts of good men the world over. They are in all churches, and in schools. The war demonstrated that all persons, regardless of divergent religious allegiances, can unite their efforts for the preservation and support of the principles of freedom and morality and justice. They must unite their efforts in the cause of enduring peace if they are not one by one to be weakened and rendered impotent at the times of their great need. They have, individually and together, the duty to vindicate, by their thoughts and deeds, the great hopes for which men fought in World War II and the hopes which today all serious-thinking men and women throughout the world know must be attained.

The tasks now confronting us are formidable. The conditions for meeting the heavy problems of war settlement and of new problems still unsolved are accompanied by multiplied discouragements. Unless the moral forces of the world now join their strength, discouragement must inevitably deepen, and the strength and effectiveness which thereby would be lost by these moral forces would be gained by those forces which oppose and seek to destroy them. The hopes and ideals of mankind have often been jeopardized by force. They will be jeopardized today by any division of the moral forces of the world or, by any refusal to support and strengthen the hopes and ideals of all mankind.

As the chosen leader of the people of the United States I am privileged to pledge full faith to you once again to work with Your Holiness and with every agency of good the world over for an enduring peace. An enduring peace can be built only upon Christian principles. To such a consummation we dedicate all our resources, both spiritual and material, remembering always that except the Lord build the house, they labor in vain who build it.

Your Holiness, this is a Christian Nation. More than a half century ago that declaration was written into the decrees of the highest court in this land. It is not without significance that the valiant pioneers who left Europe to establish settlements here, at the very beginning of their colonial enterprises, declared their faith in the Christian religion and made ample provision for its practice and for its support. The story of the Christian missionaries who in earliest days endured perils, hardship–even death itself in carrying the message of Jesus Christ to untutored savages is one that still moves the hearts of men.

As a Christian Nation our earnest desire is to work with men of good will everywhere to banish war and the causes of war from the world whose Creator desired that men of every race and in every clime should live together in peace, good will and mutual trust. Freedom of conscience, ordained by the Fathers of our Constitution to all who live under the flag of the United States, has been a bulwark of national strength, a source of happiness, from the establishment of our Nation to this day.

I believe that the greatest need of the world today, fundamental to all else, is a renewal of faith. I seek to encourage renewed faith in the dignity and worth of the human person in all lands, to the end that the individual’s sacred rights, inherent in his relationship to God and his fellows, will be respected in every land. We must have faith in the inevitable triumph of truth and decency; faith that mankind shall live in freedom, not in the chains of untruth nor in the chains of a collectivist organization of their lives; faith of such fullness that it will energize men and women everywhere to build with tenacity, the better social world order under self-rule. The times demand faith that is strong enough to struggle if need be for the right, that is able to endure troubles and hardships, attack and even contempt from forces of evil–and able to arise reborn and revitalized from the daily struggle. Faith leads to hope, to determination, to trust in the truth and the good, and to sustained effort to create the kind of peace and well-being sought by humble men and women in all lands and which will ultimately prevail between all nations. Through faith, the purposes of God shall be carried out in the hearts and deeds of Man. I believe with heartfelt conviction that those who do not recognize their responsibility to Almighty God cannot meet their full duty toward their fellow men.

I have asked Mr. Taylor to convey these views and to say that I seek to cooperate with the efforts of Your Holiness and the efforts of every leader of the world’s moral forces. Our common goal is to arouse and invigorate the faith of men to attain eternal values in our own generation–no matter what obstacles exist or may arise in the path.
Faithfully yours,

HARRY S. TRUMAN


Note: The Pope’s reply, dated August 26 at Castel Gandolfo, follows:Your Excellency:

We have just received from the hands of your Personal Representative, Mr. Myron Taylor, Your Excellency’s letter of August 6 and we hasten to express our satisfaction and thanks for this latest testimony to the desire and determination of a great and free people to dedicate themselves with their characteristic confidence and generosity to the noble task of strengthening the foundations of that peace for which all peoples of the earth are longing. As their chosen leader Your Excellency seeks to enlist and cement the cooperation of every force and power which can help to accomplish this task. No one more than we will hope for its success and for the happy achievement of the goal. We pledge our resources and earnestly beg God’s assistance.

What is proposed is to ensure the foundations of a lasting peace among nations. It were indeed futile to promise long life to any building erected on shifting sands or a cracked and crumbling base. The foundations, we know, of such a peace (the truth finds expression once again in the letter of Your Excellency) can be secure only if they rest on bedrock faith in the one true God, the Creator of all men. It was He who of necessity assigned man’s purpose in life. It is from Him, with consequent necessity, that man derives personal imprescriptible rights to pursue that purpose and to be unhindered in the attainment of it. Civic society is also of Divine origin and indicated by nature itself but it is subsequent to man and meant to be a means to defend him and to help him in the legitimate exercise of his God-given rights. Once the state to the exclusion of God makes itself the source of the rights of the human person, man is forthwith reduced to the condition of a slave or a mere civic commodity to be exploited for the selfish aims of a group that happens to have power. The order of God is overturned and history surely makes it clear to those who wish to read that the inevitable result in the subversion of order between peoples is war. The task then before the friends of peace is clear.

Is Your Excellency oversanguine in hoping to find men throughout the world ready to cooperate for such a worthy enterprise? We think not. Truth has lost none of its power to rally to its cause the most enlightened minds and noblest spirits. Their ardour is fed by the flame of righteous freedom struggling to break through injustice and lying. But those who possess the truth must be conscientious to define it clearly when its foes cleverly distort it; bold to defend it and generous enough to set the course of their lives both national and personal by its dictates. This will require moreover correcting not a few aberrations. Social injustices, racial injustices and religious animosities exist today among men and groups who boast of Christian civilization. And they are a very useful and often effective weapon in the hands of those who are bent on destroying all the good which that civilization has brought to men. It is for all sincere lovers of the great human family to unite in wresting those weapons from hostile hands. With that union will come hope that the enemies of God and free men will not prevail.

Certainly Your Excellency and all defenders of the rights of the human person will find wholehearted cooperation from God’s Church, faithful custodian of eternal truth and loving mother of all. From her foundation almost two thousand years ago she has championed the individual against despotic rule, the laboring man against oppression, religion against persecution. Her divinely-given mission often brings her into conflict with the powers of evil whose sole strength is in their physical force and brutalized spirit and her leaders are sent into exile or cast into prison or die under torture. This is history of today but the Church is unafraid. She cannot compromise with an avowed enemy of God. She must continue to teach the first and greatest Commandment incumbent on every man: “Thou shalt love the Lord thy God with thy whole heart, with thy whole soul, with all thy strength.” And the second like unto the first: “Thou shalt love thy neighbor as thyself.” It is her changeless message that man’s first duty is to God, then to his fellowman, that that man serves his country best who serves his God most faithfully, that the country that would shackle the Word of God, given to men through Jesus Christ, helps not at all the lasting peace of the world. In striving with all the resources at her power to bring men and nations to a clear realization of their duty to God, the Church will go on, as she has always done, to offer the most effective contribution to the world’s peace and man’s eternal salvation.

We are pleased that the letter of Your Excellency has given us the opportunity of saying a word of encouragement for all those who are gravely intent on buttressing the fragile structure of peace until its foundations can be more firmly and wisely established. The munificent charity shown by the American people to the suffering and oppressed in every part of the world, truly worthy of the finest Christian traditions, is a fair token of their sincere desire for universal peace and prosperity. The vast majority of the peoples of the world, we feel sure, share that desire, even in countries where free expression is smothered. God grant their forces may be united towards its realization. There is no room for discouragement or for relaxing of their efforts under the gracious and merciful providence of God, the Father of all that is good and holy, and justice will in the end prevail.

Let us assure Your Excellency of our cordial welcome to Mr. Taylor, your Personal Representative, on his return to Rome; and we are happy to renew the expression of our good wishes for the people of the United States, for the members of their Government, and in particular for its esteemed Chief Executive.

PIUS XII


Citation: Harry S. Truman: “Exchange of Messages With Pope Pius XII.,” August 28, 1947. Online by Gerhard Peters and John T. Woolley, The American Presidency Project. http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=12746.

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Acerca de ricardodeperea

Nacido en Sevilla, en el segundo piso de la casa nº 8 (después 18) de calle Redes de Sevilla, el 21 de Septiembre de 1957. Primogénito de D. Ricardo, tenor dramático de ópera (que estuvo a punto de hacer la carrera en Milán), y pintor artístico; y de Dñª. Josefina, modista y sastre ( para hombre y mujer), mas principalmente pintora artística de entusiata vocación. Desafortunadamente dedicóse tan abnegadamente a su familia y hogar, que poco pudo pintar, pero el Arte, el retrato, dibujo y pintura fueron su pasión hasta la muerte, que la sorprendió delante de un óleo de San Antonio de Escuela barroca sevillana, y al lado de una copia, hecha por mi padre, de la Piedad de Crespi, en tiempo litúrgico de San José. Seminarista en Roma, de la Archidiócesis de Sevilla desde 1977-1982, por credenciales canónicas de Su Eminencia Revmª. Mons. Dr. Don José María Bueno y Monreal. Alumno de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, 1977-1982, 1984, por encomienda del mismo Cardenal Arzobispo de Sevilla. Bachiller en Sagrada Teología por dicha Universidad (Magna cum Laude), donde hizo todos los cursos de Licenciatura y Doctorado en Filosofía (S.cum Laude), y parte del ciclo de licenciatura en Derecho Canónico (incluido Derecho Penal Eclesiástico). Ordenado de Menores por el Obispo de Siena, con dimisorias del Obispo Diocesano Conquense, Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos. Incardinado en la Diócesis de Cuenca (España) en cuanto ordenado "in sacris", Diácono, por Su Exciª.Rvmª. Mons. Dr. en Sagrada Teología, D. José Guerra y Campos, el 20 de Marzo de 1982. Delegado de S.E.R. Mons. Pavol Hnilica,S.J., en España. Ordenado Presbítero, por dimisorias del mismo sapientísimo, piadoso e insigne católico Doctor y Obispo Diocesano conquense, el 8 de Enero de 1984 en la Catedral de Jerez de la Frontera (Cádiz), por Su Exciª. Rvmª. Mons. D. Rafael Bellido y Caro. Capellán Castrense del Ejército del Aire, asimilado a Teniente, y nº 1 de su promoción, en 1985. Fue alumno militarizado en todo, en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia), destinado al Ala nº 35 de Getafe, y después a la 37 de Villanubla (Valladolid); luego de causar baja, como también el nº 2 de la promoción, a causa de encubiertas intrigas políticas pesoistas [ocupó pués, así, la primera plaza el nº 3, primo del entonces presidente de la Junta de Andalucía, un Rodríguez de la Borbolla] en connivencia con el pesoista Vicario Gral. Castrense, Mons. Estepa. Fue luego adscrito al Mando Aéreo de Combate de Torrejón de Ardoz. Párroco personal de la Misión Católica Española en Suiza, de Frauenfeld, Pfin, Weinfelden, Schafhausen, ... , y substituto permanente en Stein am Rhein (Alemania) . Provisor Parroquial de Flims y Trin (cantón Grisones), en 1989-90; Provisor Parroquial (substituto temporal del titular) en Dachau Mittendorf y Günding (Baviera), etc.. Diplomado en alemán por el Goethe Institut de Madrid y el de Bonn (mientras se hospedaba en la Volkshochschule Kreuzberg de esa ciudad renana) . Escolástico e investigador privado en Humanidades, defensor del Magisterio Solemne Tradicional de la Iglesia Católica y fundamentalmente tomista, escribe con libertad de pensamiento e indagación, aficionado a la dialéctica, mayéutica de la Ciencia. Su lema literario es el de San Agustín: "In fide unitas, in dubiis libertas et in omnibus Charitas". Ora en Ontología, ora en Filosofía del Derecho y en Derecho Político admira principalmente a los siguientes Grandes: Alejandro Magno (más que un libro: un modelo para Tratados) discípulo de "El Filósofo", Aristóteles, Platón, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de Aquino, los RRPP Santiago Ramírez, Cornelio Fabro, Juán de Santo Tomás, Domingo Báñez, el Cardenal Cayetano, el Ferrariense, Domingo de Soto, Goudin, los Cardenales Zigliara y González, Norberto del Prado; Friedrich Nietsche, Martin Heidegger ; Fray Magín Ferrer, Ramón Nocedal y Romea, Juán Vázquez de Mella, Enrique Gil Robles, Donoso Cortés, Los Condes De Maistre y De Gobineau, el R.P. Taparelli D'Azeglio; S.E. el General León Degrelle, Coronel de las SS Wallonien, Fundador del Movimiento católico "Rex", el Almirante y Excmº. Sr. Don Luis Carrero Blanco (notable pensador antimasónico, "mártir" de la conspiración de clérigos modernistas, y afines, suvbersivos, y de la judeleninista ETA), S.E. el Sr. Secretario Político de S.M. Don Sixto (Don Rafael Grambra Ciudad), los Catedráticos Don Elías de Tejada y Spínola y Don Miguel Ayuso, entre otros grandes pensadores del "Clasicismo Natural" y "Tradicionalismo Católico"; Paracelso, el Barón de Evola, etc. . En Derecho Canónico admira especialmente a Manuel González Téllez y Fray Juán Escobar del Corro; Por supuesto que no se trata de ser pedisecuo de todos y cada uno de ellos, no unánimes en un solo pensamiento ("...in dubiis libertas"). Se distancia intelectual, voluntaria, sentimental y anímicamente de todo aquel demagogo, se presente hipócriamente como "antipopulista" siendo "polulista", o lo haga como antifascista, "centrista", moderado, equilibrado, progresista, moderno, creador y garante de prosperidad, o como lo que quiera, el cuál, sometiéndose a la mentira sectaria, propagandística y tiránica, inspirada en cualquiera de las "Revoluciones" de espíritu judío (: la puritana cronwelliana (1648,) la judeomasónica washingtoniana (1775), la judeomasónica perpetrada en y contra Francia en 1789, y las enjudiadas leninista y anarquista), ataque sectariamente o vilipendie a Tradicionalistas, franquistas, Falangistas, Fascistas, Nacionalsocialistas, Rexistas, etc., o se posicione nuclearmente, a menudo con la mayor vileza inmisericorde, y a veces sacrílega, contra mis Camaradas clasicistas ora supervivientes a la Gran Guerra Mundial (1914-1945), ora Caídos en combate o a resultas; se considera y siente parte de la camaradería histórica y básica común con los tradicionalismos europeistas vanguardistas de inspiración cristiana (al menos parcial), y con sus sujetos, aliados de armas contra la Revolución (jacobina, socialista, comunista, anarquista).
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